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El lado oscuro de ser azafata: el cáncer que preocupa a las tripulantes de cabina

Trabajar como azafata puede parecer un empleo lleno de viajes, nuevos destinos y experiencias diferentes. Sin embargo, pasar cientos de horas al año a miles de metros de altura también implica una serie de exposiciones que no existen de la misma manera en la mayoría de los trabajos en tierra.

Ahora, un nuevo estudio científico ha vuelto a poner el foco en la salud de los pilotos y los tripulantes de cabina. La investigación, publicada en agosto de 2026 en JAMA Internal Medicine, y difundido por la Universidad de Harvard, señala que los trabajadores de las aerolíneas presentan una de las mayores proporciones de muertes por determinados tipos de cáncer relacionados con la radiación entre las profesiones analizadas.

El dato que más ha llamado la atención es el de los tripulantes de cabina: el 6,9 % de sus fallecimientos analizados se atribuyó a cánceres relacionados con la radiación, frente al 5 % registrado entre el conjunto de trabajadores. En el caso de los pilotos, la cifra fue del 6,7 %.

¿Por qué las azafatas están expuestas a más radiación?

La clave está en la llamada radiación cósmica.

La atmósfera terrestre actúa como una protección frente a buena parte de la radiación procedente del espacio. Pero cuanto mayor es la altitud, menor es esa protección. Los aviones comerciales vuelan habitualmente a alturas en las que la exposición a la radiación cósmica es considerablemente superior a la que experimentamos en tierra.

Para una persona que realiza un vuelo ocasional, esta exposición es relativamente pequeña. El escenario cambia cuando hablamos de alguien que pasa buena parte de su vida profesional volando.

Las azafatas y los pilotos pueden acumular exposición durante años debido a la frecuencia y duración de sus vuelos. Por este motivo, organismos especializados consideran la radiación cósmica una cuestión relevante dentro de la salud laboral de las tripulaciones aéreas.

¿Qué tipos de cáncer se han relacionado con esta exposición?

El nuevo estudio analizó diferentes tipos de cáncer considerados relacionados con la radiación, entre ellos leucemia, linfoma, mieloma múltiple y cánceres de piel, mama, tiroides, próstata y sistema nervioso central.

Los investigadores observaron asociaciones estadísticamente significativas en algunos de estos tumores. En el caso de los tripulantes de cabina, los resultados fueron especialmente relevantes para cánceres de mama, próstata y sistema nervioso central y para el melanoma. Entre los pilotos también apareció una asociación significativa con la leucemia.

Esto no significa que una azafata vaya a desarrollar cáncer por el hecho de trabajar en un avión. El estudio analiza mortalidad y asociaciones estadísticas entre profesiones y determinados cánceres, no demuestra que la radiación recibida durante los vuelos sea la causa directa de cada uno de esos fallecimientos.

Un riesgo que ya se conocía

La preocupación por la salud de las tripulaciones aéreas no es nueva.

Investigaciones anteriores ya habían observado una mayor frecuencia de determinados tipos de cáncer entre los auxiliares de vuelo. Un estudio realizado con más de 5.000 tripulantes de cabina encontró una mayor prevalencia de cáncer de mama, melanoma y cáncer de piel no melanoma respecto a un grupo de comparación.

Además de la radiación cósmica, los investigadores han planteado otros posibles factores relacionados con este trabajo: los horarios irregulares, el trabajo nocturno, los cambios constantes de huso horario y las alteraciones del ritmo circadiano.

Por tanto, no existe un único factor que explique todos los casos de cáncer observados entre las tripulaciones.

El cáncer de mama, uno de los principales focos de preocupación

Entre las azafatas, el cáncer de mama ha recibido especial atención en investigaciones anteriores.

Los datos disponibles han encontrado una mayor prevalencia de este cáncer entre las tripulantes de cabina que en grupos de comparación. En un estudio publicado anteriormente, la prevalencia de cáncer de mama fue aproximadamente un 51 % superior en las azafatas analizadas.

El propio organismo estadounidense NIOSH, dedicado a la investigación de la seguridad y salud laboral, señala que las tripulaciones aéreas pueden presentar una mayor probabilidad de desarrollar determinados cánceres, especialmente cáncer de piel y cáncer de mama.

También preocupa el cáncer de piel

Otro de los problemas que se han estudiado entre pilotos y tripulantes es el cáncer de piel, incluido el melanoma.

La exposición a radiación ultravioleta y otros factores relacionados con la actividad aérea han sido objeto de investigación durante años. Además, algunas radiaciones pueden atravesar las ventanas de los aviones, aunque la exposición concreta depende de diferentes circunstancias.

Por este motivo, las recomendaciones de salud laboral para las tripulaciones incluyen prestar especial atención a la protección de la piel y a la detección precoz de posibles lesiones.

¿Significa esto que volar es peligroso para los pasajeros?

No.

Esta es probablemente la principal conclusión que conviene dejar clara después de conocer los resultados del estudio.

Los pasajeros ocasionales no están expuestos a las mismas condiciones que una persona que trabaja volando durante décadas. La investigación se centra en profesionales cuya actividad laboral implica una exposición repetida y acumulativa.

Además, los autores no pudieron determinar la dosis exacta de radiación que recibió cada trabajador ni establecer de forma individual que esa exposición fuese la causa de su cáncer. Los propios investigadores señalan que otros factores relacionados con la profesión también pueden desempeñar un papel.

Una profesión que vuelve a poner el foco en la salud laboral

Los resultados han reabierto el debate sobre cómo se controla la exposición de los trabajadores de la aviación.

En Estados Unidos, la exposición de las tripulaciones a la radiación cósmica está reconocida, pero actualmente no existen límites federales específicos de dosis ni un sistema obligatorio de monitorización de la radiación para pilotos y auxiliares de vuelo.

Para los investigadores, los nuevos datos justifican seguir estudiando la cuestión y mejorar la información disponible para quienes trabajan en el sector.

Al fin y al cabo, las azafatas y los pilotos pasan miles de horas en un entorno que para el resto de pasajeros solo forma parte de un viaje ocasional.

Una advertencia, no una sentencia

El nuevo estudio no demuestra que ser azafata provoque cáncer. Lo que sí hace es aportar nuevos datos sobre una asociación preocupante entre el trabajo de las tripulaciones aéreas y la mortalidad por determinados cánceres relacionados con la radiación.

La investigación plantea preguntas importantes sobre la exposición acumulada durante una carrera profesional y sobre la necesidad de seguir vigilando la salud de quienes pasan buena parte de su vida trabajando a bordo de un avión.

Por eso, detrás de la imagen impecable, los uniformes y los viajes constantes, existe también una realidad menos conocida: ser azafata implica trabajar durante años en un entorno con unas condiciones físicas muy diferentes a las de la mayoría de empleos en tierra.

Y ahora la ciencia vuelve a pedir que se preste atención a sus posibles consecuencias a largo plazo.

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