Durante once años, Aerolíneas Argentinas voló entre Ezeiza y el aeropuerto John F. Kennedy. En agosto de 2024 dejó de hacerlo porque la ruta perdía dinero. Este fin de semana, por la final del Mundial, volvió a Nueva York con tres vuelos especiales que se agotaron a una velocidad que sorprendió a la propia compañía. La pregunta que quedó flotando en el sector es evidente: si la demanda existe, ¿por qué la ruta no era rentable? Y sobre todo, ¿va a volver?
Doce horas para vender 540 asientos
La secuencia fue vertiginosa. El miércoles 15 de julio, con los festejos por la victoria ante Inglaterra todavía en la calle, Aerolíneas Argentinas abrió a las 22:00 la venta de dos vuelos especiales a Nueva York.
A las 10 de la mañana del jueves ya no quedaba nada. Los 540 asientos, 270 en cada Airbus A330-200, se habían vendido en doce horas, con salidas programadas desde Ezeiza el viernes 17 a las 21:30 y el sábado 18 a las 09:00.
El jueves al mediodía la compañía anunció un tercer vuelo, con salida el sábado a las 22:00 y tarifa desde 2.200 dólares el tramo de ida, más impuestos. Como referencia del contexto: las búsquedas de vuelos a Nueva York desde Argentina se habían disparado un 6.000% respecto a las dos semanas anteriores.

Por qué la ruta se había cancelado
Aquí está la parte que casi ningún medio deportivo contó.
La conexión Buenos Aires–Nueva York se había reactivado en 2013 y nunca terminó de encontrar su equilibrio. En abril de 2024 la compañía anunció su suspensión, efectiva desde el 10 de agosto de ese año, dentro de un proceso de revisión de rentabilidad de rutas.
Los números que se hicieron públicos entonces eran contundentes: solo entre febrero y marzo de 2024 la operación a Nueva York había acumulado un resultado negativo cercano a los 250.000 dólares, con una proyección anual de pérdidas superior al millón. Junto a Nueva York cayó también la conexión con La Habana.
Los recursos liberados, aviones y tripulaciones, se reasignaron a destinos considerados más rentables: se pasó a dos vuelos diarios a Miami y a Madrid, y se aumentaron frecuencias al Caribe y a Roma.

El detalle de la terminal que explica mucho
Hay un factor técnico que ilustra por qué una ruta con demanda puede no ser rentable, y que merece la pena entender.
Aerolíneas Argentinas intentó reforzar el Buenos Aires–JFK con un acuerdo de código compartido con Delta Air Lines, la vía habitual para captar pasajeros que no van a Nueva York sino que hacen escala allí camino de otras ciudades estadounidenses.
El problema fue físico: Aerolíneas operaba en la Terminal 7 de JFK y Delta en la Terminal 4. Para un pasajero en tránsito, cambiar de terminal en JFK significa salir del área de embarque, tomar el AirTrain, volver a pasar controles y sumar más de una hora de conexión con equipaje de por medio. Ese trayecto es suficiente para que un pasajero elija otra aerolínea.
Sin ese flujo de conexiones, la ruta dependía casi exclusivamente del tráfico punto a punto entre Buenos Aires y Nueva York. Y ese tráfico, por sí solo, no llenaba un widebody con la rentabilidad necesaria.

Por qué llenarse no equivale a ser rentable
La lección de fondo, y lo que hace interesante este caso, es que un vuelo lleno no es automáticamente un vuelo rentable.
Un servicio de largo radio se sostiene sobre tres patas: el factor de ocupación, la tarifa media y la estacionalidad. Un vuelo puede ir al 95% de ocupación y perder dinero si esas plazas se venden a tarifas bajas, si el avión pasa demasiadas horas parado en destino, o si el pico de demanda dura seis semanas al año y los otros diez meses el avión vuela medio vacío.
Eso es exactamente lo que pasó con estos vuelos del Mundial. Se vendieron en doce horas a tarifas altísimas porque había un acontecimiento único, entradas ya compradas y una fecha inamovible. Es demanda inelástica en estado puro: el hincha va a pagar lo que sea porque no hay alternativa ni fecha flexible.
Nada de eso se parece a la demanda de un martes cualquiera de mayo.

Entonces, ¿vuelve la ruta?
Por ahora, no. La compañía ha sido clara en que se trató de una operación excepcional vinculada a un acontecimiento deportivo y que no implica la reapertura del servicio regular.
Pero tampoco cerró la puerta. Fuentes de la empresa han indicado que no descartan analizar la viabilidad de la ruta bajo nuevos parámetros económicos, y que el comportamiento de la demanda en estas operaciones especiales servirá como insumo para futuros análisis.
Traducido: estos tres vuelos fueron, además de un negocio puntual, un test de mercado gratuito. La compañía ahora tiene datos frescos sobre cuánto está dispuesto a pagar el pasajero argentino por volar directo a Nueva York, aunque sean datos de una situación completamente atípica.

Lo que significa para quien viaja
Mientras la ruta no vuelva, las opciones desde Buenos Aires a Nueva York siguen siendo las mismas: vuelo directo con aerolíneas extranjeras, conexión vía Miami aprovechando las dos frecuencias diarias de Aerolíneas, o escalas en São Paulo, Río o Panamá.
La vía de Miami tiene una ventaja poco comentada: al hacer la aduana y migraciones estadounidenses en el punto de entrada, el tramo interno posterior funciona como un vuelo doméstico, con controles más ágiles. La desventaja es evidente: son horas añadidas y un riesgo extra de perder la conexión.
Y una recomendación práctica que aplica siempre, no solo a un Mundial: cuando una aerolínea lanza vuelos especiales por un acontecimiento puntual, la ventana de compra se mide en horas, no en días. En este caso fueron doce.
Fuentes: Aerolíneas Argentinas, Infobae, Aviacionline y Reporte Austral, julio de 2026.
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Idea de imagen de portada: Airbus A330 de Aerolíneas Argentinas en plataforma, o skyline de Nueva York desde la ventanilla.